En el corazón de la jungla de cemento sin alma, el humo era cada vez más espeso o quizás era una leve paranoia mía. Pero cierto era que una increíble vibración positiva controlaba tácita e intensamente, con una cadenciosa pero exquisita melodía, a los cientos de pies que revoloteaban en una vehemente lucha por el placer y que participaban en el desbordante juego sublime entre música y espíritu.

Causaba aquella mágica danza que interactuaba con la noche pálida, una banda madrileña o mas bien conformada aquí en Madrid pues también tiene entre sus integrantes sangre y calor latinoamericano. La noche la protagonizó la Blueskank. Poco sabía yo de esta banda hasta el momento en que empezaron a tocar para todos: unos maravillosos ritmos africanos que incitaron a toda la enérgica peña a bailar sin treguas. Disfrutaban saltando, con una alegre armonía, de un buen reggae. Todo el ambiente era propicio para un verdadero intercambio de fruición entre músicos y aficionados al delirio que producía el encuentro. Unos destellos de funk hicieron una triunfal entrada para armar un incesante y sincero jolgorio que proseguía durante todo el rito.

La sala poco a poco, canción tras canción y sin darme cuenta se iba quedando pequeña ante el espectáculo que ofrecían los cinco tíos sobre el escenario. Gente coreando canciones propias del grupo aunque en idioma ajeno, hacían que el calor de la noche se fuera intensificando. Sonrisas que iban volando por la estancia llenaban el tiempo y lo detenía para participarnos un júbilo insospechado. Debo confesar que sin duda alguna el momento más álgido (por lo menos para mí) fue cuando la fiesta jamaiquina se mezcló con voces de conciencia en: “Corrupted” una franca canción de protesta ante las cadenas que nos impone ferozmente el dinero y el monopolio de la guerra.

Seguía la noche sin embargo, muchas canciones quedaban y una emocionante jam session dirigía los movimientos de los asistentes, ahora la gente pedía las canciones y suplicaba a gritos que no se acabara la música. Pero la música nunca acaba aunque este concierto a su fin ya se aproximaba.

Durante mi estancia en tierras extranjeras no había presenciado una fiesta parecida, llena de perfección técnica, paz, amor y sueños verdes alucinantes. Yo por mi parte no paraba de moverme (tanto asi que fui incapaz de hacer mi ya usual videograbación para mantener el recuerdo) y cuando de repente sentí que bailaba bajo la influencia de una cumbia (se puede explicar por la presencia de un venezolano y un argentino en la banda) no pude evitar entrar un poco en la nostalgia por la tierra de donde vengo. Fue ahí cuando recordé a aquellos parceros de CUNA GUANE (otra gran banda muy talentosa de Bucaramanga), no por la cumbia sino por la similitud de la fiesta que ofrecían la última vez que los vi hace un par de años en la Plazoleta Ché de la UIS.

Y una vez finalizado el concierto me atrevo con descaro y desvergonzadamente a hacer la quizás desmedida comparación, no solo porque ambas son bandas de reggae sino por su calidad, por sus cantos de protesta, por la energía que transmiten en directo y porque al igual que yo no quieren seguirle el juego a la gran empresa. Siempre alzando su voz y no únicamente para poner a vibrar a oyentes sino para denunciar y despertar conciencias.


Handumen, Manos Cafés