Acabo de escuchar por quinta o sexta vez seguida esa canción y aún queda “tanto que contar” pues no es posible sacarme esa letra ni esa voz que desgarran mis oidos, y no necesariamente es un sensación incómoda, todo lo contrario; esos gritos que plasman la angustia, el verdadero dolor de ser mortal, son melifluos.

La última vez que había escuchado esta canción en vivo habia sido unos meses atrás, justo antes de haber escapado de la rutinaria Madrid. Fue en Kohelet una pequeña pero acogedora sala lavapiesana. Y una vez más, como tantas otras veces en mi vida, me sentí vagabundo. La asistencia fue muy precaria pero para disfrutarlo era la necesaria. Una reunión de amigos que reían echando a la basura cualquier error técnico, cualquier eventual fallo, lo importante era aquel ritual sonoro de aceras desconocidas.

Escuché también hace poco toda la maqueta de Sidoku, llamada “Bocetos y Esbozos”, y me he quedado sin palabras ante el talento de este mestizo del que aún no tengo claro si es marroquí o andaluz. A decir verdad creo que eso es lo que menos me importa, lo que si tengo claro es que el rapero suena muy bien en estas atípicas canciones experimentales. Con un ritmo que no es el de su habitual Hip Hop o el del rap, sino que más tendente a la rumba y el flamenco en unas y a los ritmos tradicionales marroquíes en otras. Interesante mistura.

Sin duda  alguna para mí, esta mezcla caótica entre frases estilo rap a gran velocidad y sin repetir estribillos, los movimientos tradicionales de la guitarra española alternando ritmos entre Marruecos y España, ése vuelo por el mediterráneo; es algo fascinante. Pero más allá del ritmo o del estilo de este joven son sus letras callejeras, dolientes y vagabundas; las que ponen mi mente a reflejarlo en la memoria.  Es placentero poner a repetir canciones como “Mi heroína” o “Tanto que contar”, letras con una evidente evocación del hastío que produce nuestra “adorada” sociedad. Letras que invitan a escapar, a soñar. Una contundente voz de protesta que espero pueda llegar a muchos de los que, al igual que Sidoku y que yo: “…sueñan con contemplar un mundo nuevo donde no exista el dinero y todos encuentren sosiego”