Cuarta Aparte

Inmediatamente después de que se apagaron las luces un aterrador silencio absorbió la sala. Estruendos luego, gritos, luces y un proyector que regalaba imágenes gigantes y bellas al fondo de la nave. El segundo posterior al inicio se convirtió en la antesala a un desborde de pasiones, y nunca mejor dicho cuando se trata de la muerte ajena, por manos también ajenas y asesinas.

Llegué justo a tiempo para deleitarme con la exquisitez de la obra y no puedo quejarme del sitio que me tocó, pues desde él se pudo ver perfectamente el trabajo realizado por los jóvenes de Cuarta Aparte quienes con un despliegue de talento y con pocos fallos sobre escena (que imagino se sucedieron por la mala acústica del sitio u otros pormenores dignos de excusarse); supieron exaltar los corazones asistentes, que retozaban en una lúgubre alegría al final de la obra, ofreciendo jubilosos la apoteosis del aplauso.

La obra Antígona es admirable mas allá de su contenido, espejo que refleja una realidad desgarradora, situación o circunstancia que se vivió, se ha vivido y se sigue viviendo ya no en España donde aún se intenta conservar la memoria, la verdad y hacer justicia con las víctimas del franquismo; sino también en muchos otros países llamados del “tercer mundo” en donde se sigue jugando tenebrosamente con las vidas de hombres y mujeres, donde no vale nada morir, donde cuesta vivir en tranquilidad, donde se sufre por el sosiego. No pude evitar sucumbir al plañidero recuerdo que me persigue insidiosamente y que con su cosquilleo me perturba al andar. Colombia.

Vagaba errando por las calles, cual mísero pordiosero sin acera al terminar la función, y sólo podía tener en mi mente aquellos cruentos testimonios de desplazados, de indígenas perseguidos, de presos políticos que han sido torturados y que siguen siendo acechados como venados  por un felino gobierno depravado y depredador que no deja su cinismo ni para ir al baño a lavarse las manos llenas de sangre y tierras robadas. Cuarta Aparte solo puede merecer mi admiración por un trabajo terriblemente bello, cargado de contenido poético, lírico y absurdos políticos. La risa y el llanto se fundieron en un intento de grito sordo, pues no escucha sólo lamenta. El espectáculo que roza la locura y la ira, tremendamente generoso, tiene que ser visto varias veces. Muchas. Y llegar a más públicos incautos.

Yo agradezco de antemano desde aquí por regalarme esas lágrimas dolorosas que tanto reconfortan a la hora de llenarse de motivos.