Cumbia Protesta

-Jo! tronco, como molan estos tíos, suenan muy guay en directo- me decía con una alegre sonrisa extraviada en el humo que consumia todo al rededor.

-Si parcero, bacanos los manes, la verdad es que suena una chimba- contesté yo con el inocente egoismo de suponer que entendía mi afirmación (que no era otra cosa que sus palabras en las mias o las mias en las suyas).

Mientras levantaba la cámara para seguir registrando el evento noté en su aspecto un delirio ensordecedor, parecía gozar intensamente su bella enajenación momentánea y hasta cierto punto necesaria. Sus ojos rojos seguían manifestando su viaje de placer a través de la gaita y la percusión. La tentación de mover mi humanidad al ritmo de la cumbia me obligó a hacer un gesto de despedida a aquel hombre embriagado de una demencia afable y trasladarme en el espacio (porque no existía el tiempo) hasta encontrarme cerca de los sonidos que ponian a la “peña” a saltar.

Alejo de Sonora Mandiga insistía después de cada tema, en el motivo de su iniciativa -Esto es un concierto de solidaridad con los pueblos indígenas NASA, ese pueblo al norte del Cauca-Colombia, que por la detestable ambición de las multinacionales apoderadas del territorio; están siendo despojados de sus tierras, de su cultura y de sus vidas- Palabras mas, palabras menos; era una evidente voz de protesta que quizás al público le interesara menos que terminar su botella de licor acompasado por la fusión de ritmos que proponía la banda que tocaba o seguir fumando sus porros en espera de la próxima canción que los invitara a continuar la fiesta. Asi también, habrían muchos preguntando y dejando sus correos electronicos en las hojas que circulaban con la intención de recibir mas información.

Debo admitir sorpresa y un pequeño alivio al haberme encontrado con esta eventualidad, pues mas allá del gozo fiestero que proporcionaban esos ritmos que nos regalaron los esclavos africanos, ese ritmo que emula la brisa acariciando la libertad, las olas arrastrando la sal y el mar caribe, que nos traslada a la desembocadura del majestuoso Yuma; y ese intercambio de fluidos en el ambiente. Se intentó dar a conocer a través del sonido del pueblo (asi definió el significado de Sonora Mandinga) una situación aberrante y trágica que sucede al otro lado del charco.

La minería en este “subdesarrollado país tercemundista” ha sido historicamente una fuente inagotable de alimento para los canallas del norte y de occidente y es el principal motivo actual de los desplazamientos forzosos en el campo Colombiano verbigracia, los indígenas NASA; el actual peligro que significa el proyecto en el Páramo de Santurbán a cargo de la Greystar y apoyado incondicionalmente por el actual gobierno (que es una pequeña copia tempranera del anterior), la devastación que supone, la catástrofe que presagia; entre otros casos mas despiadados en los que no voy a insistir (más que nada por no hacer interminable esta publicación).

En realidad es admirable cuando la gente que se dedica al arte sabe expresar fibras sensibles y muestran su humanidad. La labor de todo artista se ve magnificada (al menos a mis ojos) cuando protestan por ese desequilibrio en la existencia humana.

Manos Cafés

Un viaje a Angola sin salir de Lavapiés

Era una mezcla de colores hermosos, eran destellos de una inquietante dulzura que se filtraba por las paredes de un bar llamado La Marimba, donde colgaban unas curiosas obras artísticas. Era un viaje inesperado por tierras desconocidas. Despojarse de la realidad que con el paso de las horas se iba enfriando, literalmente, era quizás una de las intenciones de los tímidos asistentes que llenaban la sala, la pequeña sala. Tratar de ser meticuloso con las sensaciones que producen sus actuaciones desencadenaría incendios interiores incontenibles, lo mejor era ser la victima del encuentro, una feliz víctima.

La improvisación se vistió de gala en lo que parecía ser una reunión de amigos. El ambiente dibujó sonrisas con un alto grado de pureza y desprendimiento de la vida terrenal, si, esa tan agobiante; esas inyecciones de locura siempre son necesarias en momentos asi. El fatuo intento de definir con un: “estuvo genial”, “magnifico”, “excelente”, “precioso” u otras banalidades; sería mostrar una enorme carencia, una insoportable pobreza. Todo lo presenciado merecía ser descrito con poesía, como la que ella recitaba (y no con mediocridades como esta), o cualquier otra expresión original del alma.

La extraña distorsión que se percibía, problemas técnicos de sonido, el previo accidente en su pulgar derecho, el malestar que sentía en su voz, las barreras lingüísticas y otros pequeños detalles dignos de ignorar; no fueron ningún odioso y repudiable obstáculo que impidiera regalar su magia, que evitara llenar de carisma a los ojos receptivos y cuerpos inmóviles que decidieron entregarle sus almas para que jugara con ellas, para que las convirtiera en humbiumbis y volaran incautas, llenas sus alas de libertad.

De libertad habló Aline Frazão, la culpable de esa fiesta multicolor que invadía el recinto, celebrando o conmemorando (alguna de las dos palabras puede ser la más adecuada) los 35 años de la independencia de Angola, su país de origen.  Ella y su guitarra dedicaron el más melodioso homenaje al cese de aquel oprobio del que fueron víctimas su folclor y su gente bajo el yugo del mundo occidental, aunque ese yugo no ha desaparecido del todo, ni del todo ni del nada. En canciones, poemas y una pequeña lección de historia, obsequió una parte de su vida, una parte de sus partes; para que se adueñara despiadada y con infinito agrado, de las vidas receptivas que aplaudían incesantemente.

Una mezcla entre Bossa Nova, Samba y otros ritmos originarios de esa relación impuesta entre esclavos angoleños y nativos brasileros, se apoderaron del tiempo. Con la presencia de un músico brasilero, genial en la guitarra, se generó una interacción muito legal, como dirían ellos, entre lo que ya se había definido como una estancia familiar.

Con el paso de canciones conocidas algunos empezaron a mover sus labios temerosos, otros a bailar románticamente, y casi inmóviles, con ella aunque ella no lo supiera y estuviera sentada frente a todos con sus manos atadas a seis cuerdas, a una multitud de acordes, a sus ritmos tropicales, a apasionantes ensoñaciones. La danza de las palabras y los sentimientos  que se conjugaban en silencio, se detuvieron momentáneamente haciendo una pausa de rigor, para abrir paso a la estupefacción que declaraba la necesidad de una profunda atención: Temas nuevos, obras recientes de su mano y letra, de su voz que adereza a las más agrias de las tristezas.


Fue una ceremonia memorable por su espontaneidad, por el carácter intimista que se deslizaba portentosamente en las miradas abstraídas del público, por la primicia de los nuevos temas, que son premoniciones de un éxito inevitable, por su carismática presencia que la sabía un ángel, suponiendo que existen, ella es uno entre simples mortales y sobre todo por su principal motivo.  Fue un canto estrepitoso de libertad, fue un grito de protesta, fue convertir el dolor en fiesta y fue tal vez poner de manifiesto que aquí estoy, que existo, que aun sigo vivo, que esos Monangambés siguen presentes causando penurias, dolores y sufrimientos; que no se han ido y que no me dejes en el olvido.

Manos Cafés.

¿Premio o Castigo?

Ya no aguanto más, tengo que contar lo que ocurrió ese día, la tentación me ha ganado esta batalla. A… altiva y generosa caminaba inadvertida, B… con soltura rebelde y  extraña gentileza acompañaba su particular caminar, C… pasivo, con ligereza pero preciso y decidido hacía lo propio con insondable certeza  y D… amante de las causas perdidas sugería el mismo paso acompasado de sus circunstanciales compañeros. Experimentaron estos jóvenes,  un sutil cáncer social en medio de una pasmosa ciudad adormecida.

El odio había colmado sus bocas y sus oídos fríos unas horas antes. Rodeados de hombrecillos azules que impresionaban por sus aspectos enajenados y vestiduras intimidatorias, gritaban consignas acusatorias con tal ahínco que cualquier transeúnte podía sentirse amenazado y sin embargo se contagiaría del mismo sentimiento, sumado además por un interés vago que resultaba conveniente. Tenía razón la luna de los caribes cuando me decía en una de esas extensas charlas prosaicas: “Todos tenemos guardado en los entresijos mas recónditos de nuestros corazones, un odio agudo y lleno de pesadumbres”. Yo, que defendía una postura completamente opuesta, pude comprobar que era cierto en aquel momento tan peculiar, con la particularidad de que era un odio canalizado y enfocado hacia un hecho concreto o un personaje en particular.

<Ustedes no pueden pasar por esta calle>, dijo un hombrecito azul al pie de la calle Alcalá, que además portaba una prepotencia propia de un protegido, tenia la altanería que le corresponde a los sujetos  engañados vilmente con la promesa de una vida digna y sin problemas. De repente la ira saltó encima de la acera y se apoderó de la visión de A… que se enfrentó al hombrecillo azul quien al poco tiempo se habría multiplicado tal como se reproduce un virus. B…C…y D… hacían lo mismo con reclamos y fuertes movimientos de manos y colmandose con grandes decepciones. Mas gente seguía circulando por aquella calle sin ningún obstáculo mientras los personajes de este relato estaban colapsados en medio del bullicio producido por las máquinas que inundan las calles, estaban imposibilitados para llegar a su destino por la vía mas corta.

¿Cuál fue el motivo? ¿Por qué actúan así? ¿Por qué no nos dejan pasar? La respuesta a todas las preguntas parecía una lección aprendida de memoria, única y válida para cualquier cuestionamiento: solo seguimos órdenes, los que estaban en la manifestación no pueden pasar por esta calle. Entre gritos cargados de indignación y una brisa rencorosa, hubo un forcejeo de palabras necias y un juego de pasiones insensatas que al final de nada sirvieron.  Esas restricciones selectivas tenían nombre propio. Tuvieron que caminar por otra calle.

Recuerdo cuando cursaba mis primeros años de escuela que Juan Carlos, el niño más aplicado y hábil de la clase de matemáticas, solía responder eficiente y muy rápidamente a cada problema o ejercicio propuesto en clase, por lo que siempre era recompensado y estoy por pensar que era eso lo que le imprimía un aire desdeñoso hacia los demás compañeros. La competitividad parecía ser en él un principio vital. Mientras que Felipe no fue nunca premiado por regalar un lápiz a quien se le partía el suyo o yo mismo nunca recibí una mención honorífica por cortar mi borrador en 4 partes y compartirlo a quienes no tenían. La dinámica institucional desde ese entonces premiaba a quienes seguían fielmente un papel de obediencia y no a las iniciativas propias.

La anécdota pueril viene a cuento de entender el por qué de actitudes como la de los hombrecillos azules que impedían el paso regular de la gente, se limitaban a sentirse cumplidores fieles a su trabajo. Y también puede explicarse cómo es que un ser tan %$·#@º·4, como aquel que era la causa que enardecía a ese público presente en la concentración repudiando la entrega del galardón: “Puerta del recuerdo” por el supuesto apoyo a las víctimas de la violencia; podía recibir tan inexplicablemente un premio así.

La misma razón por la que Juan Carlos recibía grandes elogios en su niñez y la mía (aunque para sus compañeros, era detestable) es la que empuja con fuerza a los imponentes medios de desinformación, a mostrar a aquel ex presidente como un eficaz gobernante. Hay que señalar la veracidad de su eficiencia, pues esta persona al igual que el pequeño Juan Carlos ha sido violentamente creada (o formada) para obedecer y competir. No es tan difícil entender los motivos. Ellos, los que manipulan el sitio en el que nos dejan “vivir”, deciden premiar al más obediente y al más competitivo sin importar cuantos lápices y cuantos borradores les han negado y arrebatado mortalmente a los que no tienen.

Fin…por ahora.

Manos Cafés

Impresiones de una noche sin precedentes.

En el corazón de la jungla de cemento sin alma, el humo era cada vez más espeso o quizás era una leve paranoia mía. Pero cierto era que una increíble vibración positiva controlaba tácita e intensamente, con una cadenciosa pero exquisita melodía, a los cientos de pies que revoloteaban en una vehemente lucha por el placer y que participaban en el desbordante juego sublime entre música y espíritu.

Causaba aquella mágica danza que interactuaba con la noche pálida, una banda madrileña o mas bien conformada aquí en Madrid pues también tiene entre sus integrantes sangre y calor latinoamericano. La noche la protagonizó la Blueskank. Poco sabía yo de esta banda hasta el momento en que empezaron a tocar para todos: unos maravillosos ritmos africanos que incitaron a toda la enérgica peña a bailar sin treguas. Disfrutaban saltando, con una alegre armonía, de un buen reggae. Todo el ambiente era propicio para un verdadero intercambio de fruición entre músicos y aficionados al delirio que producía el encuentro. Unos destellos de funk hicieron una triunfal entrada para armar un incesante y sincero jolgorio que proseguía durante todo el rito.

La sala poco a poco, canción tras canción y sin darme cuenta se iba quedando pequeña ante el espectáculo que ofrecían los cinco tíos sobre el escenario. Gente coreando canciones propias del grupo aunque en idioma ajeno, hacían que el calor de la noche se fuera intensificando. Sonrisas que iban volando por la estancia llenaban el tiempo y lo detenía para participarnos un júbilo insospechado. Debo confesar que sin duda alguna el momento más álgido (por lo menos para mí) fue cuando la fiesta jamaiquina se mezcló con voces de conciencia en: “Corrupted” una franca canción de protesta ante las cadenas que nos impone ferozmente el dinero y el monopolio de la guerra.

Seguía la noche sin embargo, muchas canciones quedaban y una emocionante jam session dirigía los movimientos de los asistentes, ahora la gente pedía las canciones y suplicaba a gritos que no se acabara la música. Pero la música nunca acaba aunque este concierto a su fin ya se aproximaba.

Durante mi estancia en tierras extranjeras no había presenciado una fiesta parecida, llena de perfección técnica, paz, amor y sueños verdes alucinantes. Yo por mi parte no paraba de moverme (tanto asi que fui incapaz de hacer mi ya usual videograbación para mantener el recuerdo) y cuando de repente sentí que bailaba bajo la influencia de una cumbia (se puede explicar por la presencia de un venezolano y un argentino en la banda) no pude evitar entrar un poco en la nostalgia por la tierra de donde vengo. Fue ahí cuando recordé a aquellos parceros de CUNA GUANE (otra gran banda muy talentosa de Bucaramanga), no por la cumbia sino por la similitud de la fiesta que ofrecían la última vez que los vi hace un par de años en la Plazoleta Ché de la UIS.

Y una vez finalizado el concierto me atrevo con descaro y desvergonzadamente a hacer la quizás desmedida comparación, no solo porque ambas son bandas de reggae sino por su calidad, por sus cantos de protesta, por la energía que transmiten en directo y porque al igual que yo no quieren seguirle el juego a la gran empresa. Siempre alzando su voz y no únicamente para poner a vibrar a oyentes sino para denunciar y despertar conciencias.


Handumen, Manos Cafés

El subdesarrollo del primer mundo

Se me ocurrió levantar la mirada para fijarme en el sombrío paisaje citadino que concurre en la Plaza De Cibeles  por si descubría  algo nuevo y diferente mientras esperaba el autobús.  Observé que efectivamente algo diferente modificaba el monótono paraje, habían elvado las banderas en las astas que rodean la fuente erigida a la diosa frigia de la Madre Tierra (siempre acompañada de sus leones), pero no estaban colocadas de cualquier manera y arbitrariamente sino que estaban dispuestas de tal forma que en medio de cada dos banderas de España había una de Chile. Me sorprendió la escena y me detuve un momento a pensar en una posible razón para esta imagen tan poco frecuente en la capital de española.

Recordé que ese mismo día en la tarde pasaban y repasaban  por el telediario la noticia de los 33 hombres atrapados en la mina de San José, cerca de la ciudad de Copiapó de susodicho país. La insistente noticia transcurría en el marco de las celebraciones del bicentenario, es decir, de los doscientos años que han pasado desde una supuesta independencia (pero bueno, esto es otra discusión y no quiero profundizar en ella ya que no es el verdadero motivo de lo que quiero exponer); que tales fiestas se veían opacadas por la situación de los mineros y la reciente tragedia natural que azotó al país sudamericano.

Estaba claro, al menos para mí, que cualquier transeúnte que pasara y viera lo mismo que yo estaba observando pensaría inmediatamente: “Pobres chilenos, habrá que conmoverse” ó “Joder, qué solidario es este país” y los mas ignaros al menos dirían “¿Por qué hay una bandera de chile?” luego tendrían tiempo durante el trayecto a su casa para pensar acerca de lo visto, aunque lo más probable es que pensaran en cualquier otra cosa. En fin, la intención de las banderas era la de crear en el ideario del común de la gente una buena imagen de las relaciones diplomáticas exteriores de este gobierno, que quiere a la vez mostrar una falsa idea de que en este país no existe el racismo y que es solidario con los pueblos. Tal como se quiso demostrar ante la catástrofe de Haití, al ser éste (pese a la crisis y los más de 4 millones de desempleados), uno de los países que más dinero aportó para la causa (sin mencionar lo ocurrido hace poco con Grecia). Mi mente no podía parar de reflexionar y la verdad tenía que ser dicha: “¡hipócritas!”, exclamé en voz tan alta que aquellos que pasaban en aquel momento,  voltearon su mirada fría e indiferente hacia el lugar de donde provenía aquella exacerbada vociferación: mi boca.

Por supuesto que no entendían lo que me motivó a gritar esa inofensiva injuria, algunos de ellos habrán llegado a su casa, a su televisor, a su ordenador, a su celda consumista; diciendo o quizás tan solo pensando en que se tropezaron con un loco más, uno más de los que produce esta sociedad. Pues a ellos les digo que no estoy del todo loco, tal vez un poco demente pero si algo me incitó a soltar esa palabra al viento no era precisamente para que se la llevara. Era mi forma de hacer catarsis luego de una jornada más bien contradictoria.

Ya sé que alguno se preguntará: ¿Por qué tanto alboroto? Y es porque tan solo unas horas antes me encontraba en un evento cultural con un trasfondo social que refleja una realidad mas bien diferente al respecto de este país. El evento llamado “Jornada por el cierre de los CIE’s (Centros de Internamiento para Extranjeros)” tenía como finalidad dar a conocer una de las más actuales formas de racismo institucional y estatal de la gran europa.

Ahora se preguntarán: ¿Qué demonios son los CIE’s? Pues bien, yo los definiría como cárceles para extranjeros sin papeles, como una muestra tangible de xenofobia en el “primer mundo”, la prueba fehaciente de la miseria humana, el hambre monstruoso del desarrollo, el afán capitalista de destruir la humanidad y de acabar no con la pobreza sino con todos los pobres, pobres que ellos mismos han creado y que mantienen por una profunda atrofia en sus telencefalos.

¡Hipócritas! -repito ahora en voz alta-, pasan por la televisión y demás medios de comunicación una falsa solidaridad casi al punto de mostrarla como compasión, engañando a la población con sus “buenas intenciones” mientras mantienen su aparato policial haciendo redadas fantasma y capturando indiscriminadamente como si fueran criminales, a las personas, a los seres humanos que vienen desde otras tierras para buscar lo que se les ha negado en la suya; víctimas de la cruenta invasión y expansión del mundo occidental, de la sociedad de consumo; continúan golpeándolos  y encerrándolos durante 60 días en los mismos términos que a cualquier criminal y esto solo por su condición de indocumentados. Por no tener un papel. ¿Cómo puede ser esto posible en un país de primer mundo? ¿Cuál desarrollo es ese del que tanto se ufanan?

Ser subdesarrollado o tercermundista no implica ningún atraso cultural ni intelectual en los pueblos mal llamados así, ser tercermundista en estos tiempos responde a un intensa corrupción en la clase dominante de sus países, aún mucho más marcada y mas abominable que en los llamados países desarrollados. Pero aun así el atraso intelectual y la mediocridad de los gobiernos se presenta en las  mismas proporciones en cualquiera de los “tres mundos” que se ha empeñado la sociedad que nos mantiene, en diferenciar; tomando como arma de defensa  la evidente diferencia cultural y el sometimiento de sus culturas.

Puedo decir hoy casi con orgullo y con una gran pena que me invade, que también es detestable el subdesarrollo del primer mundo.

Pancracio Guevara, Manos Cafés

Demente Corresponsal subdesarrollado en el primer mundo.

No hay Balada

Toda la puta vida igual.
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